¿Argentina podría saltarse una tecnología y omitir el 5G?

Por Bernabé Crena, consultor senior de F5 LATAM y Martín Bertozzi, gerente de grandes cuentas Telcos de F5 LATAM.

En un repaso por lo que asemeja al arca perdida, el 5G pasó por muchos estadios y anuncios en nuestro país. Y, si bien el Gobierno habría aprobado el pliego de licitación para desarrollar todo su potencial, la realidad es que las Telcos no verían hoy un negocio rentable, al menos no para nuestro modelo económico y de servicios. 

En mercados de gran concentración de usuarios el 5G resulta una herramienta de gran utilidad y potencial, por su mínima latencia de tan sólo 1 milisegundo y la capacidad de conectar un millón de equipos por km2 con gran ancho de banda; a diferencia del 4G que sólo permite hasta 100 mil y una latencia que ronda los 10 milisegundos. Latencia, ancho de banda y densidad  van de la mano del desarrollo de tecnología que se profundiza en mercados como el asiático o el europeo.

La inversión que requiere tal tecnología debería implicar una necesidad por parte de los usuarios. Para el tipo de aplicaciones y uso que hacemos de los dispositivos móviles, hay un segmento demasiado estrecho de consumo, que no justificaría los cerca de US$350 millones que el Estado Argentino pide por pliego. Esto supone un 300% más caro que en Brasil. A esta inversión se suma la infraestructura que requiere el 5G para brindar cobertura a todo el país.

El salto tecnológico implica un abismo entre las prestaciones que habilitaría la tecnología 5G, ya sea para el despliegue de vehículos autónomos como para el desarrollo de verdaderas ciudades inteligentes, donde el IoT va acompañado de la Inteligencia Artificial. No obstante, no parece ser hoy una verdadera demanda para el usuario y el mercado argentino y, en términos de rentabilidad, las Telcos no están urgidas por realizar este tipo de inversión.

Si bien la región se encuentra mucho más adelantada que nosotros, con regulaciones más avanzadas, tampoco hay mucha demanda, sino que el despliegue está más asociado a cumplir regulaciones. Tampoco Estados Unidos encuentra los suficientes casos de usos para monetizarla. Hoy se estima que el 95% de los usuarios no va a hacer un upgrade del servicio sólo por mayor tecnología. 

Asimismo, la inversión está determinada por el contexto socioeconómico. Los costos de inversión son similares en la región, pero el abono podría no tener el retorno que requiere el negocio, deberían implementarse distintas políticas de abono, mas por suscriptor que por equipamiento, para cubrir la totalidad del hogar permitiendo que el día de mañana se conecte el auto, los electrodomésticos, y todos los dispositivos. 

Ante esto, puede pasar lo que ya sucedió con la tecnología CDMA. Y no sería la primera vez que un salto tecnológico se produce en Argentina. Fuimos de los pocos que en 2001 no desplegó la RDSI (Red Digital de Servicios Integrada), cuando el mundo ya lo hacía. En este sentido, debemos considerar que el contexto determina la capacidad de desarrollo en un momento donde no se espera que se repague en breve, son miles de millones a posiblemente 5 años.

En el caso del 4G, la financiación y el alineamiento geopolítico nos resultaron favorables para su implementación y despliegue. Sin embargo, si consideramos que el 60% de los argentinos cree que le está yendo peor que el año pasado y mejor que el año que viene, entenderemos que 5G no es una prioridad en la demanda y esto nos podría llevar nuevamente a saltar una tecnología, ante un contexto similar al mencionado anteriormente. 

Los próximos años serán claves para entender las posibilidades del despliegue de la tecnología 5G en la Argentina, ¿qué tecnología o plataforma nos llevará a los consumidores a exigir el despliegue de 5G?, ¿los consumidores podremos empujar a las Telcos a dar el salto?  

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