Coronavirus: El mundo llora dos millones de muertes

El comiendo del 2021 arranca de luto: el mundo llora 2.000.000 de muertes por la pandemia del coronavirus. Un inicio marcado de mutaciones más contagiosas, toques de queda, fronteras semi cerradas y gobiernos que no encuentran la salida de la crisis sanitaria y económica asociada.

Casi la mitad de las fallecidos en la pandemia se han registrado en América, mientras que Europa suma casi 650.000, el sur de Asia 190.000 y Medio Oriente 126.000.

El número de muertos, recopilado por la Universidad Johns Hopkins, es casi igual a la población de ciudades como Bruselas, La Meca, Minsk o Viena.

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El virus tardó siete meses en cobrarse el primer millón de muertes, pero le han bastado tres para sumar el segundo millón. Si en verano los fallecidos rondaban los 5.000 diarios, según las estadísticas que mantienen Our World in Data y la Universidad Johns Hopkins, ahora se han elevado hasta 13.000. Casi el triple cada día.

En ese aumento puede haber una parte de espejismo estadístico —porque habrá países que contabilicen sus muertos mejor que en mayo—, pero también es un reflejo de la naturaleza de la epidemia: el SARS-CoV-2 se extiende a más países y se propaga más deprisa.

La velocidad del segundo millón nos recuerda que estamos en una carrera contrarreloj. Aunque la vacuna alimenta nuestro optimismo para el futuro, la realidad inmediata es que la inmunidad sigue lejos.

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Europa es el continente con más muertes oficiales, por encima de las 615.000, seguido de América del Norte (565.000) y América del Sur (384.000). Son las tres regiones más golpeadas por el virus, las tres rondando las 900 muertes por millón de habitantes. Asia registra 354.000 fallecidos, pero es un continente superpoblado y en realidad su mortalidad por habitante es 10 veces inferior.

La pregunta que queda en el aire es cuándo se superarán los tres millones de fallecidos, y si serán tres, cuatro o cuántos millones en 2021.

Esto nos lleva al principio de esta historia: solo nosotros aumentando los cuidados esenciales – lavado de manos con agua y jabón, uso de mascarilla cubriendo nariz y boca y distancia social – podemos ponerle un freno a esta locura.

Responsabilidad ciudadana, palabras en boca de todos y en uso de nadie.