Doomscrolling: La adicción de los tiempos que corren

Doomscrolling o doomsurfing es el acto de dedicar una cantidad excesiva de tiempo frente a la pantalla a la absorción de noticias negativas. Un mayor consumo de noticias predominantemente negativas puede resultar en respuestas psicofisiológicas dañinas en algunos.

Los seres humanos tenemos una tendencia natural a la negatividad. Por ejemplo, la crítica tiene mayor efecto en nuestro comportamiento y a nivel cognitivo que la alabanza. Lo mismo se aplica a las malas noticias.

“Nuestro cerebro elabora las palabras negativas más rápido, mejor y más intensamente, y eso lleva a que también las retengamos mejor”, indica la neuróloga Maren Urner. Y eso tiene sentido, al menos desde el punto de vista de la evolución biológica. “En tiempos del tigre diente de sable y del mamut, una mala noticia pasada por alto podía costar quizás la vida”.

En un estudio publicado en la revista Technology, Mind, and Behavior de la Asociación Estadounidense de Psicología, investigadores de la Universidad de Florida (UF) determinaron que se trata de un comportamiento que se produce cuando los usuarios de las redes sociales, que quieren estar actualizados con las últimas noticias, empiezan a desplazarse en sus pantallas, de forma compulsiva, en búsqueda de información negativa.

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Las aplicaciones y demases causan adicción, ya que surten efecto sobre nuestro metabolismo cerebral. Si nuestras publicaciones reciben aprobación, en el cerebro se libera dopamina. Nos sentimos fantásticamente y queremos más.

La dopamina no es la única hormona responsable de nuestras sensaciones positivas. También lo es la serotonina. Pero ver o leer noticias negativas hasta altas horas de la noche, y el consiguiente agobio psicológico o estrés, pueden influir negativamente en el nivel de serotonina. Las consecuencias pueden ser agotamiento, tensión, irritabilidad, bajones de ánimo o trastornos de sueño. Y ahí entra en el juego la hormona cortisol, que en situaciones de estrés aumenta transitoriamente nuestro rendimiento. Sin embargo, un nivel permanentemente elevado de cortisol puede ser dañino.

Los efectos del “doomscrolling” y su intensidad pueden variar según la persona, pero muchos dicen sentirse inquietos, temerosos, deprimidos y aislados. 

La neuróloga Maren Urner también analiza el papel de los medios de comunicación en este contexto. Porque también ellos se valen del efecto negativo. Las malas noticias, lisa y llanamente, venden más y generan más clicks. Pero el cúmulo de noticias negativas provoca que también nuestras expectativas sean demasiado negativas. “Partimos del supuesto de que el mundo es peor de lo que realmente es”, dice la especialista.

La prioridad de mantenernos informados es innegable, pero para mantener nuestra capacidad de pensamiento crítico y la estabilidad mental para superar un estado de crisis prolongado debemos saber limitar nuestro acceso a las “malas noticias.”