Drama de las PyMEs: “La vaca se ha quedado sin leche”

La pequeña y mediana empresa ​es una empresa que cuenta con ciertos límites ocupacionales y financieros prefijados por los Estados o regiones. Las pymes son agentes con lógicas, culturas, intereses y un espíritu emprendedor específicos. 

El financiamiento es clave para poder crecer en una empresa, pero por la coyuntura suele ser grande el riesgo, por lo que estas empresas se encuentran hoy frente al colapso de muchas de ellas.

El 2 de julio Esteban Wolf, socio de Chocorísimo, una fábrica de helados artesanales, hizo una presentación ante la Comisión de Economías Regionales, Economía Social y Pymes del Senado:

“Somos el 95% de la economía de la Argentina y generamos más del 65% de los puestos de trabajo, pero sufrimos la Argentina todos los días”

Contó que trabaja desde los 15 años y quiere que, a diferencia de varios miembros de su familia, que emigraron, sus hijos se queden y desarrollen en el país. 

Otro ejemplo es el de Marcelo Salas Martínez reseñó brevemente la historia de Café Martínez, fundado en 1934 por sus abuelos como “Casa Martínez”, en la cuadra porteña de Talcahuano al 900 donde también funcionaba el mítico y tanguero “Caño 14″.

Así operó hasta 1994, cuando la tercera generación se volcó al café de especialidades para “trabajar el café como punto de partida, no como punto final”. En el año 2000 empezaron las franquicias.

“Los empresarios argentinos tenemos una innumerable cantidad de proyectos guardados en cajitas, porque las regulaciones no permiten accionarlos,” se lamenta Salas.

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No solo un problema argentino

“La vaca se ha quedado sin leche”, ilustra el presidente de ATA (Federación Nacional de Asociaciones de Empresarios y Trabajadores Autónomos de España), Lorenzo Amor

“Muchos autónomos ya no tienen colchón, ni económico ni financiero”, continúa el directivo. Eduardo Abad, presidente de UPTA, coincide en valorar la situación con preocupación: “Hemos gastado toda la sangre que teníamos y ya no queda más en el banco”. Demasiadas crisis y demasiado juntas han acabado con la capacidad de hacer frente a los problemas del tejido empresarial español, compuesto en su mayoría por pequeñas y medianas empresas.

“Nunca se había dado esa situación de dos factores simultáneos que pongan patas arriba la economía española, europea y mundial”, contextualiza Abad.

Lorenzo Amor cree que no hay que esperar al invierno para hablar de recesión, porque “la crisis está aquí”. “Hay menos altas por la incertidumbre y más bajas por no poder aguantar los incrementos de costes”, contextualiza el directivo. “Los costes de la energía han fundido a muchos autónomos”, explica, mientras que con la pandemia “caímos de golpe de la planta 12 a la 0”. Tras dos años “muy duros”, todavía no se puede hablar de recuperación: “Algunos están en la tercera o la cuarta y otros en el sótano”.

La debacle económica que trajo la pandemia asociada a una guerra cuyo fin no se vislumbra en el corto plazo impacta de forma continua a las pequeñas y medianas empresas las cuales no ven una luz al final del camino. Sin ayuda clara de los gobiernos, muchas de ellas no han tenido más opción que cerrar sus puertas, con las pérdidas económicas que significa ello sumado a la cantidad de personas desempleadas que, en la situación reinante, no loes resulta fácil re insertarse en el mercado laboral.