El espacio, ¿la última frontera?

El 7 de octubre de 2023, el MIURA 1 protagonizó un hito importante: se convirtió en el primer cohete privado fabricado por una empresa española, la ilicitana PLD Space, en realizar con éxito un vuelo suborbital. Un acontecimiento importante para el emprendimiento astronáutico local, en un momento en que los ojos de cada vez más empresas, administraciones y ciudadanos que sueñan con ver de cerca las estrellas están vueltos al cielo.

La innovación en la industria aeroespacial, que da forma al sector conocido como ‘spacetech’ o ‘new space’, promete llevar a la humanidad —tanto a investigadores como a compañías privadas e incluso consumidores—, fuera de este planeta. Con posibles aplicaciones que van de las ya más avanzadas telecomunicaciones al incipiente turismo espacial, esta industria captó una inversión de 6.800 millones de dólares en 2023, según el Generation Space Index de la firma de VC especializada en inversión ‘spacetech’ Seraphim.

De la inmensidad a lo específico (y monetizable)

El espacio parece cada vez menos lejano. En julio de 2022, la NASA reveló las primeras imágenes del telescopio espacial James Webb (JWST, por sus siglas en inglés), un hito que proporcionó a toda la humanidad una visión más nítida que nunca del cosmos. Con este programa, explica la ingeniera de sistemas de los instrumentos del JWST Begoña Vila —la única española reconocida hasta la fecha con la Medalla al Logro Público Excepcional por la NASA— “queremos ayudar a poder contestar esas preguntas que creo que todos nos hacemos: ¿cómo llegamos aquí, y estamos solos?”.

Cuestiones a las que hoy quizá habría que sumar otra un tanto más práctica: ¿qué casos de uso (y de negocio) esconde el espacio? En la nueva carrera aeroespacial, actores como las ‘big tech’, startups e inversores ponen su granito de arena para acercarnos a la línea de meta: cruzar la última frontera. “El emprendimiento es fundamental para la investigación y la innovación espacial”, recuerda Vila. “La NASA y otras instituciones públicas como la ESA colaboran con muchas empresas privadas para sus programas. Es parte del objetivo de estas instituciones públicas para apoyar la economía”.

Los planos de esta industria de propulsión

Sección A: la tecnología

El desarrollo de nuevas tecnologías y el abaratamiento de costes son un factor fundamental detrás del renovado impulso a la industria aeroespacial. La impresión 3D, por ejemplo, está siendo explorada como un método más económico de fabricar cohetes por empresas como la estadounidense Relativity Space, si bien por el momento su cohete Terran 1 no ha conseguido entrar en órbita.

Los motores de las aeronaves también pueden fabricarse con esta tecnología, como demuestra la catalana Pangea Aerospace. Los sistemas de propulsión desarrollados por esta ‘spacetech’ aspiran, además, a reducir el impacto medioambiental de los vuelos espaciales: “Ofrecemos propulsores (tanto para cohetes como para otros vehículos espaciales) altamente eficientes, sostenibles y optimizados a nivel de coste”, explica Xavier Llairó, CCO y cofundador de Pangea Aerospace. “Aumentamos la carga útil y empleamos combustibles verdes; por ejemplo, no utilizamos queroseno sino metano líquido, que emite mucho menos CO2 y es más fácilmente reutilizable”.

Otra propuesta, la de la castellonense Arkadia Space, busca sustituir la hidracina (un combustible altamente tóxico que se emplea en satélites y cohetes) por peróxido de hidrógeno de alta concentración. “Desarrollamos motores para satélites y vehículos espaciales que utilizan un combustible verde, el cual permite abaratar muchísimo los costes”, explica Francho García, CEO y cofundador de Arkadia Space. “Apostamos también por otros materiales: uno de los que estamos investigando es el material cerámico, que puede ayudar a reducir el coste sin que se penalice la prestación del motor”.

Sección B: el emprendimiento

Startups, ‘scaleups’ e innovadores son una pieza indispensable del engranaje ‘spacetech’. Por ejemplo, “en el caso del telescopio Webb muchos de sus componentes (espejos, parasol, detectores, etc.) fueron contribuciones de empresas privadas”, explica Begoña Vila. La NASA realiza colaboraciones con empresas privadas como SpaceX, Blue Origin o Axiom —la primera empresa, además, en conseguir el patrocinio de la ESA para un vuelo espacial comercial— para llevar astronautas al espacio, construir ‘rovers’ o desarrollar tecnologías de extracción de materiales que lleguen a posibilitar, incluso, “volver a la Luna y establecer una base allí”, enumera Vila.

Pero el emprendimiento ‘spacetech’ solo empezó a sonar hace unos pocos años. Compañías como la mencionada SpaceX, de Elon Musk, han sido sin duda un factor de peso en el creciente interés mediático y económico en todo lo ‘new space’. “Un ‘loco’ que hace diez años intentaba poner esto en marcha en Estados Unidos”, define José Manuel Rodríguez, CFO de PLD Space, al igual que lo hacían en España los propios fundadores de esta ‘spacetech’, Raúl Torres y Raúl Verdú.

PLD Space, fundada allá por 2011, ha sido fundamental a la hora de colocar al país en el mapa de la industria aeroespacial: “Hasta el lanzamiento del MIURA 1, solo había nueve países en el mundo con la capacidad de acceder al espacio a través de vehículos espaciales. España acaba de entrar en esa liga”, explica Rodríguez. Los aprendizajes extraídos del vuelo del MIURA 1 se aplicarán en el MIURA 5, que ya podrá dar un servicio comercial transportando satélites, y cuyo primer vuelo tendrá lugar (previsiblemente) en 2025. “Lo que estamos haciendo ahora es consolidar esa tecnología y esa capacidad en un modelo de negocio sostenible, en una empresa que ya puede dar un servicio a sus clientes y empezar a garantizar un retorno a sus inversores“.

Sección C: La dimensión comercial

La innovación espacial tiene, desde sus albores, numerosas aplicaciones de interés público y académico, desde la investigación en condiciones de microgravedad a la medición hiperprecisa del tiempo. En los últimos años, el sector ‘new space’ ha conseguido visibilizar y generar una gran expectativa en torno a nuevas explotaciones comerciales del espacio: el turismo quizá sea la más mediática (pensemos en la primera estación espacial comercial del mundo, hoteles en órbita, viajes de ida y vuelta en el día al espacio…), pero dista mucho de ser la única.

Abrir el espacio a la explotación ‘spacetech’ ayuda a “impulsar la digitalización en la Tierra”, recuerda José Manuel Rodríguez, de PLD Space. “El desarrollo del IoT o internet de las cosas y sectores como la ‘blue economy’ o el ‘agrotech’ necesitan este tipo de infraestructuras [satelitales]”.

“Tenemos la economía de satélites, que dan servicio a través principalmente de conectividad e imágenes. Pero hay muchísimos más proyectos, como una planta de producción de energía solar en órbita o minería de asteroides para conseguir los materiales que necesitamos para fabricar por ejemplo baterías sin contaminar la Tierra”, enumera Xavier Llairó, de Pangea Aerospace.

Abaratar los costes de motores y combustibles abre también la puerta a una economía espacial de la logística con “tanques de combustible y ‘gasolineras’ en órbita”, señala Francho García, de Arkadia Space. “Hasta ahora, la principal causa de que un satélite deje de funcionar es que se queda sin combustible. Ahora empiezan a aparecer modelos de negocio en los que se reposta en órbita, lo que hace que el uso de la infraestructura espacial sea mucho más sostenible”.

Estas ventajas cada vez más visibles se traducen en un aumento de la financiación ‘spacetech’. “Se ha venido incrementando el interés y la educación de los inversores”, señala Rodríguez. “Es un mercado que crece a doble dígito y que es lo suficientemente grande para garantizar el retorno a  los inversores [de capital riesgo]”. “El sector financiero, incluso el más tradicional, está apostando por el sector espacial porque ve que hay rentabilidad, interés y, sobre todo, negocio”, añade García.

La mirada colaborativa al futuro

Si existe un consenso en torno a la innovación ‘spacetech’, es este: tan solo irá a más. Por ello, “es muy importante regular las responsabilidades del acceso al espacio”, puntualiza Begoña Vila, del JWST, que añade: “La colaboración público-privada y entre países es fundamental también. La innovación ‘spacetech’ nos involucra a todos y muchas veces, por su coste y complejidad, necesita esa colaboración”. José Manuel Rodríguez, de PLD Space, coincide en la importancia de estos acuerdos entre gobiernos, agencias y empresas “para que todos podamos disfrutar de las bondades que podemos obtener del uso de la tecnología espacial”.

La regulación también preocupa a Xavier Llairó, de Pangea Aerospace. “Tenemos que trabajar de forma coordinada, con unas leyes bien establecidas para que haya seguridad jurídica, que es muy importante para que un sector crezca”. La sostenibilidad, añade, deberá formar parte de una regulación “que haga casi una obligatoriedad trabajar con combustibles verdes y de manera sostenible, mediante la reutilización [de materiales y dispositivos]”.

Por su parte, Francho García, de Arkadia Space, apunta a la importancia de consolidar el sector: “Tenemos un ecosistema de empresas de reciente creación cada vez más grande, que está sabiendo convivir con las grandes empresas a través de la formación de consorcios”, afirma. “Ahora considero que falta un poco más de músculo financiero”. Aunque, señala, el ecosistema ya está alcanzando un punto de madurez: “La prueba de ello es la creación de una agencia espacial española, que dota de seriedad al ecosistema”.

Los límites del espacio son todavía un poco difusos. Los límites de lo que el emprendimiento y la innovación ‘spacetech’ pueden hacer, sin embargo, son prácticamente inexistentes.

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